Si eres capaz de verlo, es porque algo no va bien. Entonces,
intentarás dar marcha atrás, será tarde y te arrepentirás de haber sido la
idiota que le ha hecho sufrir todo este tiempo.
Porque no eres capaz de ver las cosas en el momento, se te nubla
la vista; pero una hora después, cuando intentas pensarlo en frío, te das
cuenta de lo salvaje que has sido, del daño que has hecho. Y entonces lloras,
es lo único que te queda. O eso crees. ¿Por qué no pedir disculpas? Al fin y al
cabo es la persona a la que amas, no es una persona de la calle.
En ese momento agachas la cabeza, tragas tu orgullo como ya has
hecho alguna vez, y pides perdón. Te das cuenta de que se te ha quitado un gran
peso de los hombros, te sientes mejor. Pero sabes que las cosas no se
solucionan con un simple perdón. Tú misma lo has dicho mil veces.
“El perdón es
simplemente una palabra; para que realmente tenga efecto debe demostrarse con
actos”
Y sabes que él ha demostrado muchísimas veces sus perdones. Y
sabes que es la única persona que realmente los merece, y que merece todo
aquello que puedas imaginar. E intentas ponerte manos a la obra. Pero no se te
ocurre nada, simplemente, sincerarte, decirle lo idiota que eres, y una vez
tras otra decirle perdón.
Le conoces perfectamente, sabes que es un trozo de pan, que está
dolido, pero que te perdonará. Pero siempre tienes el miedo de qué pasará el
día que no sea capaz de perdonar. Y sabes, que si ese día acaba llegando no te
lo perdonarás jamás.
¿Ahora?, solo queda esperar que todo vuelva a su ritmo. Sabes que
no tardará mucho, no soportáis estar mal el uno con el otro. Y ambos os
conocéis perfectamente. Vuestros puntos débiles y los fuertes, dónde podéis
tocar para sacar la vena sensible, y dónde no.
Y a ti, que has metido la pata hasta el fondo, no te queda otra
que intentarlo arreglar.
Y eso vas a intentar, cueste lo que cueste.